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miércoles, 18 de agosto de 2010

Mil y un usos de un intestino delgado

Con ese sugerente nombre, es bastante comprensible que Zombies nazis opositase seriamente a convertirse en un más que claro Partido de los Martes aún en estasfechas estivales.


De las tórridas temperaturas andaluzas nos trasladamos a un helado paraje escandinavo (con todo lo que ello implica) donde una pandilla de simpáticos estudiantes de medicina van a pasar un fin de semana; concretamente a una pequeña cabaña perdida donde Cristo dio las tres voces... Cristo o Adolfo Hitler, y es que resulta que la zona de marras fue un importante área de influencia de un batallón nazi cuyos restos vivientes siguen martirizando a los valientes que osen poner un pie en 'su' nieve.


Mezcla de gore, mezcla de humor, la película (entendiendo como tal a partir del momento en que los zombies empiezan a repartir bocaos) tiene situaciones absolutamente surrealistas, acordes a la curradísima trama argumental (...). Dignos de mención tanto la afición del director, Tommy Wirkola, por los intestinos delgados, como la transformación de uno de los personajes, de un sensible estudiante de medicina al que le da fatiguita la sangre, a un maldito carnicero que no duda en amputarse miembros para sobrevivir a la barbarie.



De la muerte de Jenny Skavlan, el pibón de la película, ni hablamos.

Tenéis que verla.

martes, 15 de junio de 2010

Peor que una Legionella

Una búsqueda en Google Imágenes de la palabra 'legión' es más coherente que la película. Así de radical y así de duro comenzamos nuestro análisis de una película perfectamente acoplada a la definición de El Partido de los Martes.


Tiros, medio zombies, un par de pibas de buen ver(Adrianne Palicki y Willa Holland) , secundarios de lujo (en este caso Dennis Quaid, en, probablemente, el papelón de su carrera) y una historia infumable, a saber: Dios se ha cansado de la raza humana y manda a sus ángeles, Gabriel y Miguel, ataviados cuales centuriones romanos, a acabar con un bebé a punto de nacer, última esperanza para salvar a la humanidad, pero Miguel, que es un sentimental, se corta las alas y se pasa al bando humano.

A partir de ahi: viejas neuróticas ávidas de sangre ('Todos vais a morir, cabrones'), heladeros fúnebres, negratas solidarios, y escenas que intentan llegar al gore sin lograrlo, pero procurando el descojone en alguna que otra secuencia.



domingo, 9 de agosto de 2009

Mierda enlatada

La secuela de las aventuras de Optimus Prime y sus colegas dejó bastante que desear, en la que fue la última sesión de El Partido de los Martes antes del mini parón veraniego.Un despliegue de efectos visuales que se queda cortito, a pesar de la irrupción en escena de Devastador y un gran puñado de escenas cómicas que, si ya en la primera película cantaban un poco, en esta directamente son para echarlas a arder para acortar un poco el excesivo metraje del filme.

Después de una primera hora más o menos pasable, la peli cae en picado en cuanto al Michael Bay le da por hacerse el gracioso inventándose robots chuflas. Si en la primera parte ya había uno que meaba, aquí está el que llora, el que sufre demencia senil (con su bastón y su barba metálica, lamentable) y hasta el que lleva los huevos colganderos. De pena...

No vamos, sin embargo, a castigar con dureza la tendencia al despropósito en esta saga porque, a fin de cuentas, cada una de las películas de la misma es una excusa para ver en pantalla grande a Megan Fox, la perraca que ha irrumpido con gran fuerza en nuestros... corazones, opositando con seriedad a ser incluidad en nuestro catálogo de musas.

EL MOMENTAZO: Nos tienta elegir como momentazo las carreritas por el desierto de Megan Fox(boing, boing!) por su aportación dramática a la trama... pero en lugar de eso nos quedamos con la primera escena de acción en la que autobots y soldados (que ahora son supercolegas) dan caza a un decepticon destruyendo media ciudad por el camino. Y manda cojones que en un peli que va de eso, de robots gigantes reventándose a hostias, la primera escena (ni diez minutos de las dos horacas y media que dura) sea lo único salvable...

jueves, 9 de julio de 2009

Me quiero tirar a mi compi de piso por la cara

Este título resumiría casi a la perfección este ‘nuevo’ Partido de los Martes. El genial Kevin Smith vuelve a la gran pantalla con ¿Hacemos una porno?, una película en la que sigue fiel a su estilo y en la que demuestra que bajo su apariencia freak es un romántico empedernido. Y para variar no salen Jay y Bob el Silencioso, un poco explotados ya, las cosas como son.

Zach y Miri, amigos de toda la vida, compañeros de piso y residentes en un remoto pueblo de un sitio donde hace mucho frío en EE.UU. deciden que, para poner fin a sus apuros económicos, la solución es rodar una peli porno y colgarla en internet. Ahí, en seco. Con un casting lleno de excéntricos –dos pornstars incluidas- comienza el rodaje, durante el cual los amigüitos se dan cuenta de que están enamorados el uno del otro, concretamente mientras ‘interpretan su guión’…

De hecho, sería la típica comedia romántica americana de no ser por las 825.345 veces (más o menos, tampoco las hemos contado) que la conversación deriva en pollas, coños y demás (nada raro tratándose de porno, obviamente), algo que no nos parece mal, aunque en ocasiones el guión se exceda y llegue hasta a desagradar (a mentes enfermas incluso). Mejor ni recordar el "incidente" que sufre uno de los protagonistas mientras otro se encarga de cegar al cíclope del deseo de una de las chicas...

EL MOMENTAZO: La peli es divertida pero no tiene momentos de gran descojone, lo que sí hay es frikismo, y mucho. Una de las escenas que dejan en evidencia el gran espíritu friki de Smith se produce cuando los protagonistas se deciden a grabar 'La guarra de las galaxias' y para ello se visten todos de protagonistas de Star Wars, blandiendo nabos de goma de colores como si de espadas láser se trataran... Si Kevin Smith se pasara a dirigir porno, seguro que una revisión del cásico sería su primera opción...

miércoles, 3 de junio de 2009

A hostias en la pequeña Manhattan

Un elenco formado por nombres tan absurdos como Channing Tatum, Zulay Henao, Dito Montiel o Flaco Navaja no podía presagiar nada bueno... y, efectivamente, no nos equivocamos. Fighting, puños de asfalto es el título del último Partido de los Martes que nos deparó un sopor generalizado, sólo matizado por algunos cómicos momentos (por lo radicalmente absurdo de los mismos, no por ellos en sí) y por nuestra particular visionado del film una vez comprobado (a los dos minutos) de que no se avecinaba nada potable.

El topicazo americano del joven que se va a la gran ciudad a buscarse la vida, para acabar envuelto en peleas ilegales para sacarse unas perras está salpicado de escenas que nos hacen pensar firmemente que, tanto guionista como director, no deberían haber abandonado la medicación, si alguna vez la siguieron, aunque no hay que quitarles el mérito de conseguir sin esfuerzo aburrir soberanamente con un melodrama sobre la amistad cuando lo que la gente quiere son hostias, piñas y sangre en la pantalla. Tres peleas mal contadas, una ambientación neoyorquina que no se la creen ni ellos -los protagonistas se encuentran de casualidad por la calle, como si aquello fuese chiquitito, unas 20 veces en la película- y la extraña forma de vida de los protagonistas, que lo mismo se quedan sobaos en un parque porque no tienen dinero para una triste pensión que al plano siguiente se cuelan en la discoteca más molona del Bronx, es lo más que ofrece la peli.

Cabe destacar la figura de Harvey, entrenador/manager del protagonista y estereotipo del clásico perdedor de este tipo de películas: como él no pudo llegar a nada en el mundillo de las peleas callejeras (y lo recuerda con pena, como si partirse la boca con alguien en un callejón con 20 majaretas alrededor mirando fuera el summun... mira los angangos, que lo llevan haciendo toda la vida y encima de gratis) se dedica a tutelar al Channing Tatum y le enseña todo lo que hay que saber de la vida... pero no, tranquilos que no hay en Fighting ningún amago de mariconeo entre tutor y tutelado; el tío es tan pudoroso (o tan guarro, o tan raro en general) que ni siquiera se quita el pijama cuando se viste, y se va a la calle con el filito celeste del pantalón de franela bajo el vaqueros... la imagen de un triunfador, vamos.

Hay que reseñar también que es esta una película de secundarios: ningún colega del director se queda sin su minutito de gloria. La lista es bastante extensa, pero nos quedamos con la abuela de Zulay, una vieja demente que revienta a Shawn su primera gran oportunidad para pincharse a la chica echándole casi a patadas de su casa, y con Martínez, el antiguo rival de Harvey, el mentor del protagonista, con toda la cara de un vampiro malo de Buffy, y sus dos colegas moñas que aprovechan cualquier ocasión para cachondearse del bueno de Harvey. También destacan otro tipo de secundarios, o más bien gente que pasaba por allí, como el portero de una discoteca puteadísimo y con cara de "que acabe la mierda de plano este ya, joder, que tengo un frío del copón" mientras dos discuten a su rollo a unos metros, o una piba, con la cabeza entre las piernas, suponemos que borracha hasta las trancas, que se cruzan y que obvian como si tal cosa... ahí, solidarios...

El Momentazo: Shawn Mcarthur, el prota, va a casa de la camarera buenorra Zulay, con aviesas intenciones. Al llegar a la misma, ella se disculpa por una nota de desahucio que hace sospechar al nota que las cosas no van economicamente bien en casa de 'las Zulay'. El espectador desecha rápidamente esa idea cuando aparece en pantalla una pantallaca, valga la redundancia, de unas 500 pulgadas en el salón de la casa o cuando, minutos después, la piba investiga en su ordenador personal, a través de su internet de tarifa plana, el turbio pasado luchador de Shawn. No nos de coba, Zulay.

domingo, 10 de mayo de 2009

Tú a Oxford y yo a (Amaia) Salamanca

La redacción de El Partido de los Martes está del lado del cine español, y nuestra tercera incursión en el cine patrio (tras Tres Días y Santos) no ha podido tener mejores resultados. Fuga de cerebros aúna todos los topicazos de las nuevas comedias norteamericanas: frikazos, pibones y situaciones rallando lo escatológico en torno a un tema principal: lo que viener a ser el sexo. Y esto que, a priori, podría augurar un bodrio de película cutre, zafia y sin estilo, acaba resultando una hora y media larga de carcajadas gracias al componente cañí que aportan los actores. Obviando los protagonistas, la terna de secundarios televisivos de Fuga de cerebros hacen que cada aparición suya sea un auténtico descojone. Todos lo bordan, pero hay que destacar el descubrimiento del mismísimo Chikilicuatre como el padre ciego del colega invidente del protagonista, empeñado en ser autosuficiente por cojones. Sembrao.

Párrafo aparte merece la protagonista, Amaia Salamanca, por cuya anatomía el director de la película demuestra absoluta devoción en una secuencia cercana a los tres minutos que todo espectador masculino y/o lesbiano agradecerá sobremanera, y hasta ahí podemos leer...

La historia de la peli es, ya decimos, una pamplina bien grande. Cinco colegas (un ciego, un gitano camello, un paralítico, un marica de tapadillo y el prota, gran fracasado pagafantas) falsifican sus notas de selectividad para ir a Oxford en busca de Amaia, de quien el prota está enamorado desde que era un zagalillo. Desde que llegan, empiezan a liarla parda a base de profanar cadáveres, garrafas de amor propio, distribución de drogas duras, lluvias doradas, etc... incluso tienen tiempo para arruinarle la vida al clásico tío guay de la Universidad, que pasa de ser el capitán del equipo de atletismo a malvender todo lo que tiene para comprar pastillitas de la alegría...

EL MOMENTAZO: Uno de los puntos fuertes de Fuga de cerebros está en las frases míticas que largan sus protagonistas, todas relacionadas obviamente con el ánimo de cubrir a Amaia del protagonista. Así, después de que al fin haya un acercamiento entre los chavales, sus colegas, totalmente emocionados (como puede apreciarse en la imagen, correspondiente al momento en cuestión) le animan lanzando al aire un eufórico "este ya tiene media polla dentro". Ni Góngora hubiera lo definido mejor...

viernes, 17 de abril de 2009

Kame...hame...JARRRRRRLLLL

Están, queridos lectores, a punto de leer la más feroz, ácida y dura crítica (de ahí la extensión) salida de la redacción de El Partido de los Martes. Dragonball Evolution. Mucho nos temíamos, con los primero spoilers, que la película no iba a ser del todo de nuestro agrado, como suele ocurrir cuando se adapta a la gran pantalla una serie o cómic de culto que ha marcado la infancia y adolescencia de toda una generación. Lo que no esperábamos en absoluto es la atrocidad perpetrada por James Wong, Ben Ramsey y compañía que, literalmente, han prendido fuego a los 211 números del mejor cómic manga de los 90 para, con las cenizas, hacer una bazofia de proporciones bíblicas. Lo mínimo que se le puede pedir a una adaptación cinematográfica es cierto rigor a la hora de plasmar en pantalla la idea original. Pues ni cierto, ni rigor, ni nada.

La historia de la película en sí, la clásica lucha entre el bien y el mal, va taladrando el cerebro de cualquier Gokumaníaco a medida que avanza el metraje. Un resumen: Goku vive con su abuelo Gohan, que le instruye en las artes marciales (hasta ahí, de maravilla). En el instituto (????) Goku conoce a Chi Chi, que guarda su habilidad para la lucha (????) en secreto, como el protagonista. El día de su 18 cumpleaños, Goku inicia la búsqueda de las Bolas de Dragón junto con Bulma (bueno, vale) para evitar que Piccolo, que lleva armadura y es ayudado por Mai (sí, Mai, la ayudante de Pilaf) las recopile antes. Para ello contarán con la ayuda del Maestro Roshi y de Yamcha, cuyo parecido con los personajes originales sólo se encuentran en la enferma mente de los anteriormente mencionados director y guionista.

El remate a una película que, obviando la vejación anal a la que ha sido sometida la idea original de Akira Toriyama, aburre lo que es una barbaridad, llega cuando Goku se transforma en el Oozaru. Lo que debería ser esto, un mono gigante con una capacidad de destrucción acojonantes, se queda en un bichejo que no llega a los tres metros, paecharlo, y que para colmo conserva el uniforme y no tiene rabo (no es que nos gusten los rabos, pero es que es su punto débil, ¡copón!).

Y si no hay calificativos (despectivos) suficientes para hablar del guión de esta patraña de película, qué decir de los 'efectos especiales'. ¿Cómo es posible, en nombre de Dende, que en pleno 2009 se haga semejante bazofia? ¿Es un homenaje a los tristemente desparecidos Power Rangers? Todo en esta puta mierda es JODIDAMENTE CUTRE. El radar del Dragón tiene toda la pinta de una GameBoy falsa de esas antiguas en las que sólo se podía jugar al Tetris... El maquillaje de Piccolo parecen haberlo hecho con plastilina (como sacado de un Celebrities de Muchachada Nui), el Donkey Kong de la SuperNintendo estaba mejor hecho que el Oozaru y ya lo de las ondas ki... ver a los protagonistas tirarse lucecitas de colores es ya para volverse loco, hasta las ráfagas de los juegos de PS2 están mucho más conseguidas. Los resoplidos y los "vaya tela" en la sala que seguían a cada demostración lo dicen todo. Vamos, que los FX dejan al Star Wars turco a la altura de Matrix Revolutions, por lo menos.

EL MOMENTAZO: Las conversaciones no se iban a quedar atrás en el cutrerío general de la peli, claro. Y Chi Chi, cuyo mayor mérito es llevar las mamellas apretadas a más no poder, se encarga de dejar claro qué tipo de personaje va a interpretar (chinita zorrona buenorra que se hace la dura pero que al final se acaba calzando el protagonista) en una de sus primeras intervenciones, soltándole a Goku sin venir a cuento un "no te creas que porque me llame Chi Chi soy tonta". ¿¿Pero que sinsentido es este??

Todo en esta película apesta. PUTA MIERDA. Y ya está.

lunes, 13 de abril de 2009

Rollazo de primavera

Street Fighter, la leyenda de Chun-Li. Sugerente nombre para un nuevo Partido de los Martes, y más teniendo en cuenta que los que esto suscriben se han dejado las huellas dactilares y parte de las retinas durante años haciendo hadoukens a cascoporro en consolas de 8 y 16 bits. Pero amigos, descubrimos con estupor que los genocidas que han usurpado el nombre de esta legendaria saga de lucha no han hecho más que coger un cartucho de ese mítico juego, tirarlo al suelo, pisotearlo y vaciar sus esfínteres sobre él.


El argumento, sin ningún sentido, da el protagonismo a Chun-Li (Kristin Kreuk), uno de los cuatro personajes que la película mantiene en común con el juego. El resto son Mr. Bison (sin el clásico traje rojo y la gorrita, rubio y con perilla), Balrog (que deja de ser un boxeador alto y más bien canijo para ser una mole a lo Shaquille O’Neal…al menos sigue siendo negro) y Vega (que aquí no es español, es chino, con dos cojones). Dicen que las comparaciones son odiosas, pero aquí lo único realmente odioso es el truño que nos han colado bajo el nombre de Street Fighter. En la primera película rodada sobre el juego se quiso caracterizar tan fielmente a los personajes que se llegó al absurdo, caso evidente de Blanka (para los no avezados en el juego, un bicho verde con una melenaca naranja… un cruce entre Alaska y el Increíble Hulk, vamos) pero es que en esta ocasión han decidido, literalmente, pasarse por el forro de los cojones al reparto original del juego. Y del argumento, ni hablar. Si le hubieran llamado ‘Hostias en Bangkok’ y la protagonista en vez de Chun-Li se llamara Pepa, ni al más friki se le ocurría un paralelismo entre esta mierda de peli y el juego en cuestión. Pa matarlos, vamos.

Mención especial merece la sobreactuadísima aparición de Chris Klein (uno de los individuos de American Pie), hipermotivado en cada uno de sus planos ante la nada despreciable presencia de Moon Bloodgood, probablemente lo único bueno de la película.

El momentazo: Y es que Street Fighter por no tener, no tiene ni momentazo, de ahí que destaquemos la cutrísima idea de dios sabe quién de utilizar a actrices chinas para representar a Chun-Li en su infancia y adolescencia y a Kristin Kreuk (CANADIENSE) en el grueso de la película...

lunes, 9 de marzo de 2009

Más vale nunca que tarde

Redefinimos el refrán para titular la crítica de La semilla del Mal, de título original The Unborn, y cuyo cartel americano es mucho mejor que el español (dónde va a parar) y por eso ilustra esta entrada... podríamos haber dejado sin ver esta película que, sí, intenta ser un Partido de los Martes con su piba buenorra (Odette Justman) en braguitas en varias escenas porque sí; con un guión sin pies ni cabeza que narra la historia del turbio pasado de la joven, que descubre como una serie de misteriosos sucesos tiene relación con un hermano no nato (¡TOMA YA!) y con sus escenas de susto que no asustan a nadie.

Son muchas y absurdas las escenas innecesarias de la peli, entre perros con la cabeza del revés, niños fúnebres atropellados y rabinos judíos acojonados (¿¿qué haces aquí, Gary Oldman??), pero una que se lleva la palma y que a punto estuvo de convertirse en el momentazo fue en la que la protagonista y su novio van a rescatar a su amiga del niño fúnebre poseído. Mientras la chiquilla agonizaba, sus 'amigos' buscan una manera de entrar en la casa y el pobre chico se ve obligado a atravesar a lo bestia una puerta de cristal (ya es casualidad también) y, tras quedar hecho polvo en el suelo a lo John McClain, tiene que aguantar que su novia le suelte "venga hombre, levántate ya y vamos". Cruza un cristal con los morros y me lo cuentas, hija de...

El momentazo: La joven protagonista, atormentada por una extraña mancha en el ojo, acude al oftalmólogo, también conocido como oculista, para ver de qué se trata. Este, tras los pertinentes análisis, le responde más o menos tal que así: 'Estoy desconcertado, será mejor que acuda a un especialista...'

miércoles, 7 de enero de 2009

La fórmula del fracaso: Cruz y Raya+Sin City=The Spirit


Prometía mucho el último partido de 2008. Tiros, estética a lo
Sin City y grandes pibas para despedir el año, un plan perfecto. Sin embargo, las expectativas no se cumplieron y nos encontramos con un jodido disparate en blanco y negro (y rojo) en el que el término sobreactuar cobra un nuevo sentido. Vamos, que si en los créditos en vez de poner dirigida por Frank Miller pone Cruz y Raya nadie se sorprendería, porque el tufillo a parodia chunga y cutre de Sin City no se lo quita nadie...el pobre Will Eisner debe estar revolviéndose en su tumba.

The Spirit cuenta la historia de un héroe encoñado con su ciudad y que tiene en Octopus (Samuel L. Jackson) a su archienemigo. Entre tunda y tunda con Octopus y sus secuaces (unos frikis clónicos que entre todos no suman medio cerebro), The Spirit, que es un héroe pero no es carajote, aprovecha para tirarse a todo lo que se mueve. Y el niño, que no es tonto, se las ve ni más ni menos que con Eva Mendes, Paz Vega, Scarlett Johansson...sí, con esta, con esta y a esta no le mete mano pero también sale. Joder, es que hasta la representación de la muerte (Jaime King) está tela de buena.



El Momentazo: Obviando las secuencias en las que aparecen los tres pibones mencionados arriba, una frase de lo más absurdo protagoniza el momentazo de The Spirit el cual, despojado de su habitual vestimenta tras un ataque, reclama que le restituyan el mismo tal que así:

- ¡Que alguien me traiga una corbata y, por Dios, que sea roja!


Cutre, ¿eh? pues fue de lo mejor de la pelicula...

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Dos ceros a la izquierda

Pasaron o, mejor dicho, aún no llegaron los tiempos en los que James Bond se zafaba de las más viles tretas de sus enemigos con una hábil estratagema, un astuto ardid o, a lo sumo, con un certero disparo de su elegante pistola...

Quantum of solace es un amplio despliegue de persecuciones, explosiones y hostias de gran calibre, lejanas al estilo y la clase que desprendían las sesenteras aventuras del agente secreto del MI6, encarnado por aquel entonces por Sean Connery o Roger Moore, entre otros. En esta ocasión, Daniel Craig hará frente a un malvado villano (creemos que) gabacho que pretende controlar el agua de Bolivia para enriquecerse con su venta, puteando a los simpáticos y típicos lugareños, al tiempo que intentará cobrarse venganza por un amor del pasado.

Entre atragantá y atragantá, 007 tiene tiempo para montárselo, como es habitual en la saga, con dos grandes pibones. Con
Olga Kurylenko mantiene una bonita relación que empieza a casi a ostias y acaba con manoseo en un coche cual adolescentes, mientras que su idilio con Gemma Arterton se reduce a cuatro palabritas y su toma toma correspondiente antes de que la chica acabe con los pulmones (y con todo en general) como la bahía de Algeciras. A esta si que podrían bautizarla como la petróleo...

Pero no todo son pibas y tiros, durante su camino para restablecer el orden mundial, Bond tiene tiempo para cononcer al auténtico Indiana Jones boliviano: un tipo con sombrero de ala ancha, chaqueta de cuero y menos cuello que Doraemon encogiéndose de hombros. Sólo por ver su breve pero impactante aparición merece la pena pagar y aguantar hora y media al imperturbable Daniel Craig repartiendo galletas a diestro y siniestro en una peli que no aburre, pero que tampoco aporta nada.

EL MOMENTAZO: Que 007 es de goma es algo que nos van dejando de caer a lo largo de la peli pero que queda patente cuando, tras un accidente aéreo, se tira al vacío acompañado de Olga (ay, Olga) y el paracaídas no se despliega a tiempo, abriéndose justo cuando llegan al suelo. Tras el costalazo, en lugar de dejar una bonita empanada de vísceras, se levantan como si tal cosa y emprenden el camino de vuelta a la civilización. Eso sí, ella se quita los tacones y se los lleva en la mano, porque una caída desde 2.000 metros es soportable, pero un juanete eso ya no hay quien lo aguante...

viernes, 21 de noviembre de 2008

Un desastre de película

Lo hemos vuelto a hacer. El Partido de los Martes, aplazado durante un mes por turnos intempestivos y oposiciones varias, no se merecía un retorno así. Nuestro último visionado, Disaster Movie, es un trozo de mierda más nacido del cubo de vómitos que tienen por cabeza Aaron Seltzer y Jason Friedberg, que son más malos que Hitler, y sólo consigue que durante hora y cuarto te repitas ¿por qué? ¿por qué? ¿POR QUÉ?



El inexistente argumento parodia las típicas películas de desastres pero es sólo una excusa para meter con calzador una parodia cutre detrás de otra, todas ellas sin gracia y sin venir a cuento. Amy Winehouse, Jessica Simpson, Sexo en Nueva York, Juno, Batman, Hulk, Hellboy y un largo etcétera de personajes de la gran pantalla se ven vilipendiados de forma totalmente gratuita y sin interés alguno para el guión de una peli tan cutre que algunos de los actores interpretan a dos e incluso tres personajes de la misma... Seguramente el objetivo de estos dos enfermos mentales haya sido batir el récord de parodias sin gracia de la historia del cine, y teniendo en cuenta que habrá al menos una parodia por minuto, lo han conseguido. Felicidades, ahora ya podéis volver al infierno de donde nunca debísteis haber salido.

Sí merecen felicitación por combinar en una misma película a Carmen Electra (no puede faltar en una lo que sea movie); a Vanessa Minnillo y a la potentísima Kim Kardashian (en la imagen, con su hermana) cuyos pechos, como ya ocurriera en otros Partidos de los Martes, van en aumento a medida que avanza el film.

El Momentazo: El protagonista, azorado por el gran peligro que sufre su novia, atrapada en el museo de la ciudad, le dice a Batman (!!!!!) que va a ir a rescatarla, produciéndose el siguiente diálogo:

- Batman: Si vas al museo, tienes un cero por ciento de probabilidades de sobrevivir...
- Protagonista: ¡Me agarraré a esa cifra!






domingo, 2 de noviembre de 2008

Momentazos musicales

En El Partido de los Martes también podemos ponernos romanticones. De un peliculón como Lost in Translation, de Sofia Coppola, extraemos un minutito de una de sus mejores secuencias, en la que Bill Murray y Ella se van de parranda con unos amigos japoneses, culminando la noche con un karaoke guapo.





More than this (1982), de Roxy Music, Bill canta, Ella le mira, él la mira y no hace falta decir más...

jueves, 30 de octubre de 2008

Literalmente, máximo dolor

Max Payne. Esto es lo que siente uno cuando sale del cine, después de haber pagado casi cinco euracos por ver este atropello. Una peli basada en un videojuego que promete acción, tiros y vísceras desde un principio es, en realidad, un tostonazo en forma de drama psicológico en la que no se pega un tiro por lo menos hasta el minuto 57 de partido y en el que un tipo duro como Mark Wahlberg llega incluso a despreciar una proposición indecente de Olga Kurylenko, de largo, lo mejor de la película.

Max Payne es un atormentado policía que, relegado a casos menores en su comisaría continúa investigando el asesinato de su mujer y su hijo, casualmente relacionado con una serie de extraños sucesos que comienzan a ocurrir, casualmente relacionados también con el entorno laboral de su difunta esposa y que concluyen con un final más previsible que una rueda de prensa de Bernd Schuster.

El reparto de la película lo completan, además de los mencionados Wahlberg y Kurylenko, una tal Mila Kunis (con el síndrome de "me crecen los pechos cuando me asusto" ya visto en Parking 2), Amaury Nolasco (Sucre de Prison Break, haciendo de malo hiperdopado), Chris O'Donnell (qué bajo has caído, Robin) y el rapero Ludacris, en el espectacular papel del Inspector Bravura (sí, Bravura, gran cachondeo cada vez que alguien le llamaba). Especial tristeza supone el caso del que fuera Robin (que se ha puesto como un zollo además) en esas violaciones fílmicas llamadas Batman Forever y Batman y Robin, cuyo papel en la película básicamente se reduce a recibir ostias de un cabreado Wahlberg y acabar tiroteado vilmente. Las cosas que pasan por no hacer caso al bueno de Alfred...

EL MOMENTAZO: El Wahlberg, en plan tipo duro al que todo le da asco, se lleva a su casa a la Kurylenko dispuesto a darle un poco de cariño. La piba, que nada más cruzar la puerta ya está medio en pelotas, no tarda ni 20 segundos en colocarse artísticamente en la cama cubierta sutilmente por una sabanita y espera ya con las piern...los brazos abiertos al Max Payne...cuando a éste se le va la pinza y la echa de su casa así por las buenas. Al parecer el muchacho prefiere ser líder en solitario...

Tschhhhh

El cine español vuelve al Partido de los Martes con Santos, una película del chileno Nicolás Pérez quien, seguramente, ha conseguido unir dos de sus pasiones en esta producción: los comics y Elsa Pataky.

La rocambolesca historia de dos amigos de la infancia, Salvador Santos y Arturo Antares (
Javier Gutiérrez y Leonardo Sbaraglia respectivamente) que ven cómo el comic que ellos mismos han creado comienza a hacerse realidad siendo ellos el héroe y el villano protagonistas del mismo y la incomparable Elsa (la operación hecha perfección), la chica que se debate entre ellos. Guillermo Toledo, caracterizado magistralmente como el personajazo Antropomosco está, sencillamente, genial en cada una de sus intervenciones en una película que, sin ser una castaña importante, sólo aporta ansiedad ante un nuevo plano de la Pataky.

Parece mentira que un servidor (DMR) diga esto, pero esta es una película demasiado friki. Nada más hay que ver el innecesario y hortera look del Sbaraglia (una especie de
Raiden de Mortal Kombat a lo cutre... más cutre quiero decir) para darse cuenta que es una peli de nerds para nerds, sin más intención que provocar cosquilleos interperniles a los frikis con cada plano de las mamellas de la Pataky, algo que al menos sin duda consigue.

EL MOMENTAZO: El Antropomosco es sin duda el gran protagonista en los mejores momentos de la peli. Genial, sobre todo, es la conversación que tiene con el Niño Bola en la que le aclara que de naves espaciales nada, que eso son imaginaciones suyas, y añade "como lo de las alitas, que me has dibujado ahí con unas alitas y es que eso me tiene...la cabeza de mosca vale, pero las alitas?...maricón". Tschhhhhhh.

jueves, 9 de octubre de 2008

¿Quién tú ere?


No podía durar tanto la buena racha, y con Reflejos llegó el bajón al Partido de los Martes. Otro remake de terror asiático, en este caso acerca de un policía retirado que se mete a vigilante en lo que queda de un centro comercial (destruido por un incendio) y que empieza a ver cosas raras en los espejos. El guión es un sinsentido lleno de sustos fáciles, con el pobre del Kiefer Sutherland (que bajo ha caído Jack Bauer) poniendo caras ridículas ante su propio reflejo mientras su hermana (la buenorra de Amy Smart), su pibón de mujer y sus niños sufren a los demonios cabrones de los espejos.

De nuevo 'despropósito' es la palabra que mejor define una película que, a medida que avanza, sólo provoca preguntas en la mente del aturdido espectador: ¿Y porqué al otro vigilante no le pasa nada? ¿Porqué las monjas no tienen espejos en el convento? ¿Y porqué he venido yo a ver esto, si todavía está Scarlett Johansson en cartel?


EL MOMENTAZO: La muerte de la hermana del protagonista, por absurda e innecesaria, bien podría ser considerada el momentazo de este coñazo de peli. Resulta que la piba va a darse un bañito (con su escenita de desnudez obligada incluída) y mientras ella se mete en el agua, a su 'lado malo' del otro lado del espejo le da por matarse DESENCAJÁNDOSE LA MANDIBULA. ¿Puede haber una muerte más absurda? De hecho, ¿en serio la gente se muere por eso? ¿Quería parecerse al Joker? ¿Qué clase de disparate es este? Con lo fácil que hubiera sido meterse con la tostadora en la bañera...

lunes, 29 de septiembre de 2008

En busca de la credibilidad perdida

Podríamos decir que, al igual que Zohan, Wanted nos ha deparado una gran sorpresa en nuestro último Partido de los Martes. La película de Timur Bekmambetov (con ese nombre qué vamos a esperar) es un auténtico despropósito que pierde credibilidad a cada minuto, lo que la va convirtiendo en objeto de mofa por parte del público hasta ser, como ya hemos dicho, un auténtico partidazo.

James McAvoy es un perdedor que, sin saberlo, es el hijo de un asesino a sueldo miembro de una hermandad secreta que se dedica a arreglar el mundo a su manera, esto es, a base de balazos con efecto en el coco.

Angelina Jolie, en un triste proceso de Amywinehousización (esta mujer cada día está peor, aunque sigue siendo
ella), será la encargada de reclutar al prota para que Morgan Freeman (aka Kofi Annan) le desvele el secreto de la hermandad: un telar marca el destino de sus miembros, a través de un código binario traducido a través del método 'porque sí' que genera miradas de incredulidad entre los asistentes a la peli. "Mira, 000010010110, esto es una J, clarísimo..."

No menos absurda es la explicación que da Kofi Annan ("que soy Morgan Freeman, copón") a la sensación chunga que le entra al chaval cuando se pone nervioso y que le obliga a ir empastillado todo el día: "Es que a nosotros los de la Hermandad, cuando vamos a darle matarile a alguien, el corazón nos late a 400 pulsaciones por minuto". Si no hubieran cambiado rápidamente el plano para enfocar la cara de "¿pero tú que cojones me estás contando, Morgan Freeman?" del pibe protagonista habríamos visto al bueno de Kofi partirse la caja descojonándose, porque eso del corazón en modo colibrí no se lo cree ni él...

El momentazo: A medida que avanza la película se van sucediendo los momentos de grandeza (nótese la ironía) de la misma, pero en los primeros minutos del film, el prota suelta una frase genial a su obesa y déspota superiora: "Si no fueras tan hija de puta, nos darías lástima". Instante genial, comparable al que se produce minutos después cuando el mejor amigo de McAvoy, que se pincha a su
novia y le putea constantemente, reacciona desde el suelo, tras llevarse un par de buenas hostias, a un morreo de su amigo con Angelina diciendo: "Es el mejor, el mejor". (Sí, son dos momentazos, pero lo son).

La gerontofilia puede ser divertida...

Tremenda sorpresa la protagonizada por Adam Sandler y su película Zohan, licencia para peinar. En lo que a priori se presentaba como un bodrio nos encontramos como una gran dosis de humor, tal vez excesivamente borde en algunos momentos; pibones (espectacular Emmanuelle Chriqui); y unos secundarios de lujo como son John Turturro (sembrao) y Rob Schneider. Todo ello con trasfondo político incluido, lanzando un mensaje de paz entre los pueblos israelí y palestino. Ahí la llevas.

Un agente secreto del Mossad israelí finge su propia muerte y huye de su patria para cumplir el sueño de su vida: ser un famoso peluquero. Su descontextualización (cree que aún se llevan los pelazos de los años 80) y, porqué no decirlo, sus favores sexuales a sus clientas le convertirán en la estrella del glamour de Nueva York, ciudad en la que se reencontrará con su archienemigo, el terrorista interpretado por John Turturro, el Fantasma.

Lo realmente divertido viene cuando nos muestran al Zohan como el bicharraco de agente secreto que es, capaz tanto de nadar como un delfín al lado de una moto acuática como de hacer imposible que un solo pelo caiga al suelo de la peluquería en la que trabaja, lanzándose cual Casillas si es necesario para evitarlo. Además él, que ha recibido los entrenamientos más severos y no hace ascos a nada, no tiene reparos en agradecer a sus vetustas clientas su visita con un buen meneo y claro, se forman unas colas de viejas en la puerta del local que ni en una firma de autógrafos de Juan y Medio...

El Momentazo: La secuencia en la que tres taxistas neoyorquinos, enemigos del Zohan por su común procedencia euroasiática, llaman al servicio de atención al cliente de Hezbolá para informar de que el agente secreto aún vive es digna del humor absurdo de los Monty Phtyon o de los hermanos Coen, salvando las distancias, pero sencillamente genial.

viernes, 12 de septiembre de 2008

La Venganza es un plato que se sirve a hostias

Por sorpresa y como los que no quieren la cosa, nos encontramos con Venganza con un auténtico partidazo digno de Liga de Campeones. Vuelve el género del atormentado y solitario héroe que reparte hostias como panes sin inmutarse, encarnado por un genial Liam Neeson (alias Qui-gon Jin, alias Oskar Schindler, alias Rob Roy, alias Darkman), que en este film da vida a un ex agente del gobierno americano que ha visto su vida familiar truncada por su vida laboral, una lástima.

En estas que su hija (Maggie Grace, haciendo de adolescente -con casi 30 años- en un papel que recuerda a las 'grandes interpretaciones' de Al salir de clase), una golfilla rubia que se va a Europa con una amiga más golfilla que ella, es secuestrada por una banda del Este europeo para hacer de ella una chica de alto standing (por decirlo finamente). A Neeson no le queda otra que viajar a París para rescatar a su hija mediante los únicos métodos que conoce... liándola.

En su periplo en tierras gabachas, Liam le coge el gustillo a eso de aplastar cabezas albano-kosovares y da una clase magistral de reparto de atragantás a domicilio mientras busca a su pánfila hija, que (atención SPOILERRR) consigue pasar los 93 minutos de metraje sin que le toquen una triste tetilla a pesar de haber sido secuestrada para meterla a puta...

EL MOMENTAZO: En plena búsqueda parisina, el bueno de Liam se topa con un gachó que al parecer puede tener información sobre el paradero de su hija y para persuadirlo a hablar le clava a lo bestia dos tornillacos en las piernas y lo conecta a la corriente eléctrica. Una vez obtenida la información, el Neeson se larga y lo deja allí, engrosando la factura de Endesa... Para que luego vaya vacilando de torturador el Sayid de Perdidos, ¡con dos cojones Liam!

martes, 29 de julio de 2008

Doomsday: El Día del homenaje



Porque en este Partido de los Martes (que debería hacer que nos replanteásemos nuestros objetivos de cara a la temporada que comienza) si algo tiene, son homenajes a punta pala y sin un sentido definido en medio de un baño de sangre de notables y gratuitas proporciones. "Un despropósito", clamaba DMR.

Los autos locos, Mad Max, Pulp Fiction (en forma de frikazo embutido en cuero loco por una alegría cárnica de cualquier tipo), Braveheart, Robin de los Bosques... todas y cada una de ellas son literalmente fusiladas en una película, Doomsday, que bien podría ser la continuación o historia paralela a El incidente.

La historia, el clásico virus que arrasa un país enterito (Escocia), que es puesto en cuarentena y cerrado a cal y canto para que sus habitantes se descompongan a gusto, hasta que el mencionado virus empieza a liarla fuera, por lo que un cuerpo de élite (los cojones) es enviado de vuelta a Glasgow en busca de una vacuna, liderado por una superviviente de la epidemia original (Rhona Mittra) con un ojo de menos, que todo hay que decirlo, convirtiendo su enfrentamiento con las 'tribus' que habitan los páramos escoceses en un cúmulo de situaciones a cada cual más surrealista.

El momentazo: El líder de los insurrectos escoceses, una mezcla de Iggy Pop y el Dr. Emmet Brown (Doc para los colegas) persigue sin éxito al cuerpo de élite, que escapa de sus garras en un tren a vapor (???¿¿¿), a lo que el gachó reacciona lanzando un sonoro Cabroneeeee y asestando un directo en la mandíbula de uno de sus frikis subordinados.