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Párrafo aparte merece la protagonista, Amaia Salamanca, por cuya anatomía el director de la película demuestra absoluta devoción en una secuencia cercana a los tres minutos que todo espectador masculino y/o lesbiano agradecerá sobremanera, y hasta ahí podemos leer...
La historia de la peli es, ya decimos, una pamplina bien grande. Cinco colegas (un ciego, un gitano camello, un paralítico, un marica de tapadillo y el prota, gran fracasado pagafantas) falsifican sus notas de selectividad para ir a Oxford en busca de Amaia, de quien el prota está enamorado desde que era un zagalillo. Desde que llegan, empiezan a liarla parda a base de profanar cadáveres, garrafas de amor propio, distribución de drogas duras, lluvias doradas, etc... incluso tienen tiempo para arruinarle la vida al clásico tío guay de la Universidad, que pasa de ser el capitán del equipo de atletismo a malvender todo lo que tiene para comprar pastillitas de la alegría...
EL MOMENTAZO: Uno de los puntos fuertes de Fuga de cerebros está en las frases míticas que largan sus protagonistas, todas relacionadas obviamente con el ánimo de cubrir a Amaia del protagonista. Así, después de que al fin haya un acercamiento entre los chavales, sus colegas, totalmente emocionados (como puede apreciarse en la imagen, correspondiente al momento en cuestión) le animan lanzando al aire un eufórico "este ya tiene media polla dentro". Ni Góngora hubiera lo definido mejor...
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