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Quantum of solace es un amplio despliegue de persecuciones, explosiones y hostias de gran calibre, lejanas al estilo y la clase que desprendían las sesenteras aventuras del agente secreto del MI6, encarnado por aquel entonces por Sean Connery o Roger Moore, entre otros. En esta ocasión, Daniel Craig hará frente a un malvado villano (creemos que) gabacho que pretende controlar el agua de Bolivia para enriquecerse con su venta, puteando a los simpáticos y típicos lugareños, al tiempo que intentará cobrarse venganza por un amor del pasado.
Entre atragantá y atragantá, 007 tiene tiempo para montárselo, como es habitual en la saga, con dos grandes pibones. Con Olga Kurylenko mantiene una bonita relación que empieza a casi a ostias y acaba con manoseo en un coche cual adolescentes, mientras que su idilio con Gemma Arterton se reduce a cuatro palabritas y su toma toma correspondiente antes de que la chica acabe con los pulmones (y con todo en general) como la bahía de Algeciras. A esta si que podrían bautizarla como la petróleo...
Pero no todo son pibas y tiros, durante su camino para restablecer el orden mundial, Bond tiene tiempo para cononcer al auténtico Indiana Jones boliviano: un tipo con sombrero de ala ancha, chaqueta de cuero y menos cuello que Doraemon encogiéndose de hombros. Sólo por ver su breve pero impactante aparición merece la pena pagar y aguantar hora y media al imperturbable Daniel Craig repartiendo galletas a diestro y siniestro en una peli que no aburre, pero que tampoco aporta nada.
EL MOMENTAZO: Que 007 es de goma es algo que nos van dejando de caer a lo largo de la peli pero que queda patente cuando, tras un accidente aéreo, se tira al vacío acompañado de Olga (ay, Olga) y el paracaídas no se despliega a tiempo, abriéndose justo cuando llegan al suelo. Tras el costalazo, en lugar de dejar una bonita empanada de vísceras, se levantan como si tal cosa y emprenden el camino de vuelta a la civilización. Eso sí, ella se quita los tacones y se los lleva en la mano, porque una caída desde 2.000 metros es soportable, pero un juanete eso ya no hay quien lo aguante...
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