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Son muchas y absurdas las escenas innecesarias de la peli, entre perros con la cabeza del revés, niños fúnebres atropellados y rabinos judíos acojonados (¿¿qué haces aquí, Gary Oldman??), pero una que se lleva la palma y que a punto estuvo de convertirse en el momentazo fue en la que la protagonista y su novio van a rescatar a su amiga del niño fúnebre poseído. Mientras la chiquilla agonizaba, sus 'amigos' buscan una manera de entrar en la casa y el pobre chico se ve obligado a atravesar a lo bestia una puerta de cristal (ya es casualidad también) y, tras quedar hecho polvo en el suelo a lo John McClain, tiene que aguantar que su novia le suelte "venga hombre, levántate ya y vamos". Cruza un cristal con los morros y me lo cuentas, hija de...
El momentazo: La joven protagonista, atormentada por una extraña mancha en el ojo, acude al oftalmólogo, también conocido como oculista, para ver de qué se trata. Este, tras los pertinentes análisis, le responde más o menos tal que así: 'Estoy desconcertado, será mejor que acuda a un especialista...'
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estáis tardando: watchmen
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